Una vez, por una "muy extraña coincidencia" de la vida, un lobo y una hiena se encontraron. El lobo aullaba a la luna junto a sus compañeros, que le respondían desde distintos puntos de las montañas; cuando oyó el eco repetitivo de la carcajada de una hiena a sus espaldas.
-¿Qué andas haciendo exactamente, patético ser?
-Aúllo a la Luna junto a mis compañeros de viaje; le damos gracias por la bella luz que nos guía en la fría y oscura noche. Y, por favor, procura no volver a proclamarme nada fuera de respeto o haremos que apestes a cadáver más de lo que ya acostumbras, si es eso posible.-Gruñía el lobo, erizando el pelo de su nuca.
-Ah, inepto, la luz de vuestra Luna no es más que un reflejo de algo más grande, algo que arde desde muy lejos como un infierno que dentro de poco nos absorberá la vida tal y como nos la dio. No me asustas con tus amenazas; mis subordinados podrían hacer que los tuyos no olieran a nada antes de que volviera a salir el sol.
-Yo no tengo subordinados. Mis compañeros dan sus vidas por mí como yo la doy por todos ellos. Ser Alpha no significa ser superior a ninguno de mis iguales.
-Cuánta ineptitud- Reía la hiena.-Deja de engañarte, el poder corrompe a todo aquel que saborea su intenso sabor a hierro.
El lobo se abalanzó sobre ella con colmillos y garras, y aprisionó a la hiena contra el suelo, pero ésta reaccionó rápido y consiguió volver a igualar la situación. Ambos animales se encontraban mirándose a los ojos, gruñendo y enseñándose los colmillos. La hiena rompió la lucha con una estruendosa carcajada.
-Muy bien lobo, relajémonos, ¿qué tal si hacemos un trato? Cambiaremos nuestros papeles y naturalezas durante un ciclo de tu amada Luna, sólo un ciclo. Si pasado ese tiempo conservas tu opinión, cederé esos territorios que tantos años nos llevamos disputando a los dominios de tu manada.
-¿Y, qué pasaría en caso de que cambiase de opinión?
-Pues verás, estoy tan seguro de que va a ser así, que en ese caso sencillamente las cosas se quedarán como están, y yo reconoceré mi error en mi atrevimiento.
-Mi experiencia me impide fiarme de una hiena por completo, y menos aún siendo tan confusas tus palabras, pero aún así realmente has despertado mi curiosidad, y haré lo que dices; con la condición de informar del acuerdo a mi lobo Beta antes de llevarlo a cabo.
-Permitiré tu exigencia. Yo, por mi parte, tampoco tengo la imprudencia de fiarme de ninguna hiena, así que no informaré de nada de esto a mi segundo, y te pido que no hagas tú lo contrario una vez entres en mi... casa.
Tal como lo acordaron se lo concedió la Naturaleza, a la que, por su bella pero cruel personalidad, le hacía gracia poder contemplar semejante broma del Caos. Durante veintiocho días estuvieron el lobo y la hiena viviendo la vida de su enemigo, ocultos a los ojos de sus manadas, adoptando como suya la naturaleza del contrario, pero sin poder olvidar aquella que ya tenían y que aún vivía, al menos, en sus recuerdos.
En luna llena se encontraron ambas manadas de animales. A la nublada visión del lobo Alpha, todos a quienes observaba allí lucían aspecto de horribles hienas. "Será cosa del pacto de la Naturaleza", pensó el lobo, con la poca lucidez que creía le quedaba tras un ciclo de corrupción, robos, engaños, asesinatos contranatura y conflictos internos consentidos por él mismo. Trató alguna vez de impedir algún acto que su moral ya no era capaz de soportar, pero todas aquellas veces tuvo que verse atormentado por las corrompidas hienas, que amenazaban cada vez más con arrebatarle el liderazgo, y la vida si era necesario, por continuar con su horripilante forma de existencia. "Lo hago por mi manada"; se repetía una y otra vez el lobo para justificar la locura que iba llevando poco a poco a su mente a una dualidad infernal en la que quedó atrapado también su deformado cuerpo. Pues sí, la Naturaleza había cambiado cada uno de los aspectos que diferenciaban al lobo y la hiena para integrarlos por completo en la manada de su rival. Pero el pacto ya había pasado, y todos esos efectos habían desaparecido, dejando la huella del Caos a la visión de todo el que pudiera entenderla. El lobo, que ya no podía llamarse así, se fundía en una mezcla de lobo decrépito y hiena hambrienta; una metáfora terrorífica y triste de en lo que se había convertido su mente; sus mirada apagada y lejana anunciaba la inminencia de la perdición.
Se oyó una estrepitosa y desagradable carcajada chillona;
-Lobo estúpido, que te debates entre patéticos temblores de luz y oscuridad, abre los ojos y la mente por un segundo y mira a tu alrededor. ¿Lo ves? ¿Te das cuenta? No hay ni un lobo al que cederle ningún territorio.- Todas las hienas, de ambas manadas, estallaron en carcajadas absurdas y desordenadas, pues, aunque no entendían del todo lo que estaba ocurriendo, lo que estaba claro era que el líder de los lobos era ahora un trapo sucio y viejo que no servía ni para ser destrozado, y eso significaba que habían ganado.
El lobo hizo lo que se le sugería de mala manera, y observó; podía reconocer a algunos de sus antiguos compañeros entre las hienas, sus rasgos habían cambiado a los ojos de cualquier ajeno, pero Alpha vio en aquellas horripilantes criaturas a algo más de la mitad de su añorada manada. Allí no estaba Beta.
-¿Dónde está ella ser inmundo? ¿Qué has hecho con Beta?- Logró articular el maltrecho lobo entre una serie de gruñidos de dolor.
-Oh, tuvo que ser sacrificada a los dos días de empezar el juego... no le parecieron bien los cambios que hice en la organización de tu manada.- Las hienas volvieron a corear sus chirriantes palabras con las acostumbradas carcajadas.- Los que faltan decidieron seguir su camino en una extraña lucha por algo que ellos llamaban justicia, lealtad... algo así. En fin, iba a permitirles jugar contigo un rato, pero me das pena y prefiero dejar que mueras lentamente cayendo en la oscura espiral de locura que amenaza tu insignificante pensamiento... supongo que habrás aprendido la lección. Ha tenido su gracia, Caos te está agradecido por el buen rato que le has hecho pasar.- La hiena empujó de un cabezazo al lobo, haciéndole caer y gemir de dolor, emitió un extraño aullido y el resto de las alimañas se dispersaron por el bosque, abandonando el llanto del lobo al olvido de la noche.
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