"Será mi noche, será mi día... Mi estrella blanca"


   La vida es una broma, un chiste enrevesado y cruel, un sueño caprichoso y a veces una pesadilla de la que no puedes despertar. Nos zarandea como las olas del océano profundo en una noche de tormenta o nos envuelve como el mar en calma, meciendo nuestras emociones con el dulce vaivén del agua helada, que mordisquea con picardía nuestra piel desnuda.
   Una vorágine de naturaleza injusta e impredecible en la que flotamos sin rumbo definido ni conocido, en la que las decisiones tomadas no son más que pequeñas anotaciones anónimas al margen de un libro tan complejo que sin ellas su lectura nos llevaría a la más oscura de las locuras. Un libro escrito en mil idiomas que cuenta infinitas historias inacabadas; un libro de ardua comprensión, de afiladas hojas que manchan sus páginas con la sangre del valiente que se atreve a pasar al siguiente capítulo y echar una mirada más allá. Un libro que jamás deseas dejar de leer, pero que acaba para todos en el giro más inesperado de su trama, empapando el tomo aún abierto sobre la mesa con lágrimas de amor, pasión, recuerdos... lágrimas amargas y cristalinas que arrastran la tinta de las palabras dibujando tenues sonrisas congeladas en el tiempo.

  A veces el final de una historia llega demasiado pronto, sin avisar, inesperada y bruscamente, dejando páginas en blanco que nadie quiere pasar... Pero una pluma invisible continúa escribiendo, escribe días soleados y los cantos de los pájaros con la caligrafía de lo divino e ineludible, mientras las temblorosas letras de nuestras palabras rezan por ser leídas desde algún rincón de nuestra biblioteca de lo infinito.


   En mi familia ha terminado un libro que hablaba de amor, de estrellas blancas, de notas musicales adornadas con palmas y rasgueos de guitarra española, un libro de letras borrosas y miopes, con páginas amarillentas manchadas de café, ceniza y pintauñas. Un libro que se resiste a ser guardado en una estantería y rendirse al polvo del olvido; su firme cubierta lo mantiene abierto, enseñando a quien desea releer sus anotaciones que aún queda libertad que descubrir en un mundo en el que las estrellas brillan en nuestra mente y se sienten en nuestro pecho.

   Te queremos tía; echaremos de menos tus palabras malsonantes y el humo de tus duras críticas a la sociedad, tu humor sarcástico y tu áspera carcajada resonando alrededor de la mesa del comedor. Te recordaré siempre sentada en tu sofá, con las piernas bajo la manta y los pies apoyados en el brasero, libro en una mano cigarro en la otra; con la mirada perdida en alguno de los maravillosos mundos que te has prestado a mostrarme alguna vez.

   Gracias por dejar en este mundo dos de los más bellos regalos que se le podía hacer a la historia de la humanidad, y hacerme ver en mi tío que aún queda esperanza y lugar para el amor verdadero y atemporal. Siempre serás una de las mujeres más grandes que he conocido, y te llevaremos en nuestro recuerdo para que vivas con nosotros en las mullidas sombras del cariño.



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